Una escapada a dos de las más bellas ciudades del Anillo de oro. Un viaje a la naturaleza y la espiritualidad rusas.
Vladimir : Enclavada en una zona repleta de bosques y a orillas del río Kiazma se levanta Vladímir, ciudad que debe su fundación a Vladímir Monómaco en 1108 aunque el verdadero promotor fue su nieto, Andrei Bogoliubski que quiso trasladar la capital de la Rus desde Kiev a este entorno de excepcional belleza.
Aunque fue devastada en 1238 por los tártaros-mongoles aún se pueden contemplar hermosos monumentos como la Catedral de la Asunción, construida en 1160, cuyo interior está decorado con frescos de Andrei Rubliov y Daniíl Chiorny; la Catedral de San Demetrio, del siglo XII, es la iglesia de los príncipes con bajorrelieves de piedra realmente magníficos; y la Puerta de Oro, muestra del arte de la ingeniería militar rusa antigua.
Suzdal: Ha sabido combinar con excelente gusto a lo largo de sus ocho siglos de historia los monumentos con un entorno natural sencillamente delicioso. Pasear por sus tranquilas calles con las casas de madera y sus huertos es todo un placer y durante el paseo se pueden contemplar el Monasterio del Manto de la Virgen y el Monasterio de San Alejandro, ambos del siglo XIII; el Monasterio de la Intersección y el de San Eufemio el Salvador del XIV; la Catedral de la Natividad.